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En la cima del Pico Duarte,
la montaña mas alta de las Antillas
Existen tres vías principales de acceso a este impresionante lugar, pero, posiblemente, la mas favorecida es entrando por Mata Grande, por la ruta de san Jose de las Matas, en la provincia de Santiago, acampando en zona de montaña baja, exuberante arboleda, alta precipitación pluvial, temperatura fresca y rica biodiversidad, distante solo 5 o 6 km de la aldea de Mata Grande.
Al día siguiente, al despuntar el sol, bien desayunado, mochila al hombro, se parte hacia Las Guácharas, adentrandose en la cordillera, y cruzando las mas increíbles formaciones naturales, tupidas de plantas, la mayoría endémicas, donde abundan los pinares, bejucales, bosque frondoso, y forrajeras de diferentes tipos y especies. Por un tillo que aveces parece borrarse por la hojarasca y los ramales de los arbustos, se suben y bajan varias lomas, acampando, a mas de 20 km.
Al margen del río La Guáchara, en una cabaña construida para campamento de guardias forestales y excursionistas.

En este lugar no falta una fogata, algunos asados a la puya, chistes y canciones a pesar del agotador recorrido que se inicia como a las 7 de la mañana y terminando de 4 a 5 de la tarde, es un fondo junto al río, húmedo y fresco, donde el sol da pocas horas debido a las elevaciones montañosas al este y al oeste y a la existencia de una arboleda de gran altura que impide la entrada de los rayos solares.
Desde este lugar, nos dirigimos, temprano al día siguiente rumbo al Valle del Bao, altiplano a orilla del río que lleva su nombre, y próximo a la loma La Palona, famosa por su altura y la escasez de agua y arboles frondosos.
Después de caminar alrededor como 15 km, subiendo y bajando lomas, se divisa este valle, cubierto de un pajonal (gramineas), amarillento, a lontananza, rodeado de espesas y oscuras montañas, con un ambiente muy fresco, húmedo y, con frecuencia, bajo neblina. Después de un buen baño en las pozas y las chorreras del río Bao, donde el agua lleva temperaturas por debajo 4 grado centígrados nos aglomeramos en la cabaña, junto a la tibia fogata,para revivir historia, cuentos y anécdotas, a veces al compás de una guitarra solitaria, o de un cancionero a capela, o de un declamador improvisado.

Es frecuente descansar un día en el valle del Bao, para iniciar temprano, y un poquito recuperados, el crucial ascenso hacia el Pico por la loma La pelona.
Camino resbaloso, cuesta muy inclinada, y poca agua en el trayecto, esta travesía es la prueba crucial de los excursionistas, con la agravante que es necesario llegar al Pico antes de las 2 de la tarde, porque a partir de esa hora la neblina es muy espesa e impide la visibilidad.
La loma, La Pelona que mide más de 3,000 metros de altura SNM, casi tan alta como el pico, es muy seca, siempre sopla una brisa fuerte, y la altura es tal que los caminante comienzan a sufrir el efecto de la baja concentración de oxigeno (y el esfuerzo físico) lo que, con frecuencia, agota las personas que no están debidamente preparadas y entrenadas, lo que obliga a montarlos en mulos para completar la travesía.
Entra la loma mencionada y el Pico Duarte, se desplaza el hermoso Valle de Lilis, de algunos kilómetros de extensión, cubiertos de yerbas pajonales, pero de arboleda reducida principalmente pinos pequeños.
El asceso al pico se hace por esta sola vía, en menos de una hora por un camino tortuoso cubierto de pedrejones, brisa suave y fresca, a veces fría.
Ya en la cima del pico,

entre grandes pedrejones, se yergue, dominando el panorama, la esfigé de Juan Pablo Duarte, en bronce, junto la cual flot a nuestro pabellón Tricolor y a su lado una cruz.
Después de la fotos de rigor, se inicia el descenso rumbo a la compartición, donde, se acampa en un lugar fresco, generalmente lluvioso, próximo a un riachuelo.
Tras el descanso de una noche de la cabaña de la compartición, se sigue la ruta pasando por el Agüita Fría, lugar donde nacen los dos ríos Yaque del Norte y del Sur, y ascendiendo para después bajar la loma La Rusilla y luego seguir bajando se separa por La Laguna, descendiendo la bajada de la Cotorra (son estriña y variadas vegetación) hasta llegar a Los Tablones, al margen del río, estos riachuelos con una exuberante predominando el bambú, entre diversa flora tropical de montaña baja, fresca y húmeda.
Pocas horas después termina la odisea en la Ciénaga de Manabao, en las bellas cabañas junto al hermoso Yaque y próximo a la aldea, en un jardín de Estudios de el Pino. Con el cuerpo destrozado pero la mente y el espíritu robustecidos se acaba de visitar uno de loslugares más hermosos e impresionantes de las Antillas.
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